domingo, 21 de septiembre de 2008

Benito Fernández, el diseñador de las novias famosas






Publicado en revista “ BAMAG” , Año 2000

BENITO FERNÁNDEZ:
“TODAS TERMINAN CASÁNDOSE DE BLANCO”


Con un padre médico y un hermano máster en Economía en Estados Unidos, de Benito Fernández no se esperaba que fuera otra cosa que doctor o abogado. Intentó en vano complacer a la familia hasta que, finalmente, decidió complacerse a sí mismo, hacerle caso a sus ganas y lanzarse a la aventura de estudiar moda en París.
Después de 17 años de carrera logró que sus desfiles sean aplaudidos en Francia y Estados Unidos.
Este artista de 39 años se especializa en diseñar los vestidos más importantes de la vida de una mujer: trajes de novias y de madrinas. En su boutique de la distinguida calle Copérnico en Barrio Norte diseña, además, modelos exclusivos para famosas como Georgina Barbarrosa, Valeria Lynch, Mariana Fabbiani, Patricia Miccio, Andrea Frigerio, Selva Alemán e Inés Estevez.
En esta nota revela los secretos profesionales que son la razón de su enorme éxito.


-¿Cómo llegaste a donde estás ahora?
- Fue difícil. Como se esperaba que hiciera una carrera tradicional, estudié derecho en la UCA. Pero yo vivía pendiente de lo estético y no me interesaba el derecho. Tampoco tenía idea de cómo podía canalizar mis ganas de hacer algo artístico. Sólo después de muchos años supe que lo que más me divertía era jugar con la ropa, hacerme cosas, variar colores y texturas. Pero había muchos prejuicios al respecto: “No es carrera para un hombre, no te vas a poder mantener”, me decían.
-¿A qué edad diste el gran salto de vocación?
- A los 22 años me jugué. Pasé a estudiar derecho en la UBA y me inscribí en un curso de diseño en Flego. Traté de seguir con la facultad durante dos años, pero me gustó tanto cortar tela que en el ´85 me fui a estudiar a París durante dos años, en la Paris American Academy, cuando me faltaban ocho materias para recibirme de abogado.
-¿Por qué elegiste esa academia?
- Porque era la que aceptó todo lo que yo había estudiado acá y me daba la posibilidad de recibirme en un año y medio .Las demás me pedían un mínimo de tres años afuera. Yo fui con quien era mi esposa. París era demasiado caro para los dos, por eso convenía acortar la estadía. La Paris American Academy era privada y de las más caras, porque mientras otras sólo daban teoría, esta nos llevaba a conocer fábricas, nos conseguía entradas para desfiles y hasta nos permitió organizar desfiles. Nos dio un montón de cosas que en otras academias eran inaccesibles. En el poco tiempo que estuve hice de todo y aprendí muchísimo.
-¿De qué vivías?
-Viví de mis viejos, que así como se resistieron durante años a que largara mi carrera de derecho, fueron los que más me apoyaron al verme decidido a hacer esto.
-¿Fuiste sabiendo francés?
- No: lo aprendí a los ponchazos. Por suerte, la parte de moldería, dibujo y costura sobre maniquí no exige hablar mucho: es todo muy práctico. Yo era el único argentino entre alumnos de todas partes del mundo. La mayoría eran señoras americanas de mucha plata que iban a París a estudiar francés y moda para entretenerse. Los franceses estudiaban en La Chambre Sindicale, Smode o Berseaux, que son las más fuertes y tradicionales. Por eso, en mi curso éramos muy pocos los que trabajábamos mucho.
-¿La escuela francesa es la mejor del mundo?
- Para alta costura, Francia e Italia van a la cabeza. En cambio, todo lo que es más vanguardista está pasando más por Londres y Nueva York.
-¿Qué hiciste al terminar el curso?
- Volví a Buenos Aires para abrir mi primera boutique en la calle Arrroyo y fui finalista en el primer concurso de diseño argentino, organizado por Alpargatas. Eso fue algo muy fuerte. El concurso fue el primero y más importante en su estilo. Gracias a él me ofrecieron un par de trabajos, pero yo estaba decidido a empezar con mi marca propia, aunque fuera en un local chico. Me dediqué a hacer algo que no existía en esa época: ropa arreglada y de noche para chicas adolescentes. Y me fue bárbaro. Tuve varios éxitos de vestidos que gustaron mucho, y de a poco empecé a incursionar en la alta costura, con los vestidos de novia. En el ´91 empecé a hacer mis primeros desfiles propios. Seguí haciendo cada vez más novias y ahora las novias y madrinas son mi especialidad. Tuve suerte: no todos llegan a hacer a mi edad el vestido más importante de la vida de una mujer.
-¿Por qué te parece que tuviste tanto éxito con las novias?
- Básicamente es una propaganda de boca a boca. A una chica le gusta el vestido de la amiga, otra me recomienda... Es un trabajo de hormiga. Convertí mi oficio en un trabajo exclusivo. Las atiendo personalmente, no pruebo nada prearmado y parto de cero con cada una de ellas. Lo que les gusta, lo inserto, y lo que no, lo voy modificando. Cambié la modalidad de trabajo al no usar jamás vestidos listos para adaptar.
-¿A qué le das prioridad en tus trabajos: al material, el color o la línea?
- Me caracterizo por el uso de las texturas, que no me canso de combinar, tanto en mi colección como en los trajes de novias. Las busco revolviendo en sederías de Nueva York o de La Boca. Por suerte, ya está todo tan globalizado que en quince días, fax mediante, te traen telas de cualquier parte del mundo. - ¿Tus novias son blancas y tradicionales?
- A veces les sugiero colores, pero no hay caso...¡no se animan! Llegan pidiendo algo distinto, pero después nunca renuncian a casarse de blanco. Es un concepto muy arraigado. Me encantan los colores claros y uso poco negro. En mi colección vuelo usando la fantasía para hacer una mujer irreal. Con las novias me adapto a la mujer que tengo enfrente.
-¿Cómo es tu estilo de ropa?
- Es una ropa actual, que siempre está cambiando y generando cosas nuevas. Elijo que la mujer tenga una apariencia femenina, sexy, agradable, sugerente y no ostentosa, que le guste al hombre. Prefiero que mi ropa sirva para seducir y no como arma de poder o de status.
- Al hacer un vestido de novia, ¿tenés en cuenta las ideas que traen las novias, o hacés lo que a vos te parece?
- Lo que más me gusta es bucear en las fantasías que traen ellas. Todo eso me da pautas de cómo quieren verse, cómo se imaginan...Después, hay que probarse delante del espejo. En los desfiles sucede algo distinto: creo una mujer ideal a partir de un concepto determinado que invento yo. Por ejemplo, mis dos últimas colecciones que fueron a París en marzo y a Miami en mayo fueron “Hadas”y “Princesas Hippies”.
- ¿Cómo organizás tantos viajes?
- Se lo debo a mi productora, Luisa O’Farrell, que hace diez años que está en esto.
-¿Y qué pasó en las giras?
- Ahora estamos viendo la posibilidad de vender en Nueva York. París fue para mí una gratificación enorme desde lo personal. El Carrousel del Louvre es la pasarela más importante del mundo y compartí la grilla con seis diseñadores argentinos: Jazmín Chebar, Marcelo Senra, Walter Mozel, Silvie Geronimi y Laura Valenzuela. Eso fue inédito para la moda argentina y de latinoamericana. Te lo digo y aún me parece increíble: se me pone la piel de gallina. Lo que noté es una diferencia brutal entre la experiencia en París y en Miami. Ya nada sorprende en París: están de vuelta de todo. En cambio, en Miami el feedback fue total. Presenté mis colecciones junto a Angel Sánchez y Carolina Herrera en la primer Semana Latinoamericana de Moda, y hubo un ida y vuelta impresionante: mucho interés, mucha prensa, mucha curiosidad...No pararon de hacerme notas para gráfica y televisión.
- El hecho de ser un latino, ¿no tuvo algo que ver con el suceso?
- En parte sí, porque los latinos estamos de moda en Estados Unidos. Pero además, creo que los norteamericanos son muy receptivos. Se sorprenden enseguida. Son como los chicos: les tirás una cosa con color que se mueve, y se quedan enganchados. Eso para un diseñador es mucho más copado.
- ¿Cómo siguen las giras?
-En agosto llevo la próxima colección a Colombia, donde vamos cinco diseñadores , entre ellos Oscar de La Renta y Angel Sánchez. En septiembre la presento en Buenos Aires en Grandes Colecciones, y después voy a Milán y tal vez a Chile.
- ¿Cuánta gente trabaja para vos?
- Tengo un plantel fijo de doce personas y cuando me faltan manos, llamo a más. El taller de novias y madrinas lo tengo en la misma boutique y la colección la preparo afuera.
- ¿Cuántos modelos distintos componen un desfile?
- Un mínimo de cuarenta modelos, siempre divertidos, que rodean un concepto, o tema del desfile.
- Y de ese concepto, ¿queda algún estilo para usar en la calle?
- Lo que uno hace a veces es “bajar” todo lo que desarrolló en el desfile para hacer ropa más ponible. La colección marca tendencia, y después se sacan detalles para algún modelo, o se hacen a menos colores, con menos estridencias. Eso sí: si uno no vuela haciendo un ejercicio de la creatividad en sus desfiles, es muy triste ser diseñador, porque termina haciendo siempre lo mismo y repitiéndose.
- ¿Cuánto sale un vestido de novia tuyo?
- En promedio, 2.500 dólares.
-¿Y el de madrina?
- Más o menos 1.200.
- ¿Con cuánto tiempo de anticipación se tiene que acercar las novias a encargártelo?
- Entre cinco y tres meses antes del casamiento.
-Si alguien te pide algo que sabés que le va a quedar mal, ¿se lo hacés igual?
- Nunca les hago nada que les quede mal , porque algo me tiene que enganchar del proyecto. Claro que me dedico a seducirlas para que se hagan el traje conmigo, pero no soy buen vendedor. Me tengo que entusiasmar para que todo salga bien. Tal vez no me enganche el vestido, pero me engancha ella o el concepto imaginado. Nunca me limito a una cosa: les doy mi opinión y después vemos ante el espejo. Yo sé que hay palabras que convencen. Si digo: “Esto te va a estilizar”, vos comprás . Pero si después tu mamá te mira mal o tu amiga pone cara rara, te vas a quebrar. Por eso quiero que en la práctica y ante el espejo cada una esté totalmente convencida de qué es lo mejor para ella.
- ¿Qué hacés si te llega una novia bajita y rellenita?
- Le hago un vestido divino. Es mucha más publicidad para mí vestir a una novia petisa que a una diosa. Con las novias monísimas se les genera tal carga de expectativa de que estén absolutamente perfectas que si eligen un look distinto para su casamiento la gente se decepciona. En cambio, si ven que esa chica bajita entra regia, todos quedan admirados. Es todo lo contrario de lo que la gente piensa: las más monas no me hacen lucir tanto, porque la gente piensa “Está espléndida porque es mona”. Pero al ver divina a una petisa dicen: “!Le hicieron algo maravilloso!”. Y esa es la mejor publicidad.
- En una nota de un diario fuiste criticado por decir que sólo hacés talles 42...¿Es así?
- Lo que pasó es que me preguntaron por qué sólo uso modelos que usan talle 42 . Y yo expliqué que para mi estilo de ropa una modelo tiene que ser flaca y alta. Lo que pasa es que hay que separar el ideal de mujer del ideal de modelo, que no es lo mismo. Otro diseñador necesitará alguien más redondeado, y alguien de gráfica necesitará una cara linda sin importarle la altura.Para pasar mi ropa necesito flacas y altas, que tengan determinada personalidad. Pero el tema de la flacura y la gordura es un problema de la sociedad, no de los diseñadores. La sociedad pone a las modelos como modelos de mujer, cuando no lo son, porque los valores pasan por otro lado. Para lo que estoy haciendo yo ahora necesito una mujer que no mida menos de 1,73m. Pero eso no significa que la mujer ideal no pueda medir menos de 1,73m.
- ¿Usás modelos conocidas?
- Prefiero buscar chicas nuevas. Luciana Marinisen es la que mejor me representa en este momento.
- ¿Las mujeres se siguen casando de blanco?
- Mi agenda no da abasto. Por eso, yo creo que, tarde o temprano, todas las mujeres terminan casándose de blanco. Aunque antes hayan vivido muchos años con los novios, lo de casarse de blanco es algo que todas terminan necesitando. Es una cuestión de compromiso y concreción que marca una etapa. Lo que noto es que el promedio de edad de las chicas va subiendo cada vez más. Antes se casaban alrededor de los 20 años. Ahora se casan más alrededor de los 30.
- ¿Diseñas vestidos de novia con colas, tules y azahares?
- Sí, me encanta la “novia-novia”, bien romántica.
- ¿Y les enseñás a usar las colas y tules?
- Algunos truquitos hay que enseñarles. Y hasta les aconsejo qué zapatos tiene que usar.
- ¿Sabés qué hacen ellas después con el vestido?
- Muchas lo guardan en papel azul, otras se lo prestan a la prima y otras la venden. Muy pocas los modifican para usarlo corto.
- ¿Cuántos vestidos de novia hacés por año?
- Más de cien.
-¿Y cuál es la tendencia actual?
-Más evaseé, no tan armado.
- ¿A qué se debe esta moda retro, de pollera larga y líneas lánguidas que llegó a fin de siglo?
- A mí me sigue sorprendiendo esta movida tan romántica y nostálgica que se ve en las películas como “Shakespeare in Love” o “Elizabeth”, tan melancólicas. Creo que el fin de siglo nos agarra a trasmano. Se nos vino muy rápido encima. Nos estamos aferrando a lo conocido, a las texturas nobles y naturales. Yo siempre pensé que para el 2000 iba a tener que diseñar ropa plateada, metalizada y futurista. Y ocurre todo lo contrario: nos aferramos a lo antiguo. Creo que estamos asustados. Por un lado, con Internet nos podemos conectar con gente de cualquier parte del mundo en segundos, pero el éxito de las películas victorianas nos muestra que buscamos lo esencial, lo conocido, los elementos nobles. El futuro da vértigo.
- ¿Tenés hijos ?
- Sí: Lucas de 12 y Marina de 6.
- Si quisieran dedicarse a lo mismo que vos, ¿Qué les dirías?
- Me encantaría. Pero si no están decididos, les aconsejaría que empiecen a trabajar, antes que ponerse a estudiar cualquier cosa.
- Si te ofrecieran trabajar en París, ¿te irías?
- No hace falta. Desde acá puedo trabajar para allá sin moverme, y acá tengo mi casa, mis amigos y mis hijos. Y creo que, justamente, lo que me hace especial dentro de el mundo de la moda es tener mi casa y mis hijos, una vida muy normal en este rubro.
- ¿Sos fashion?
- No, para nada. Toda la energía creativa la pongo en la colección. No me queda ni fuerzan para vestirme yo, como hacía antes, que me vestía como un arcoiris. Ahora ya no uso el color: ando de blanco y negro.
- ¿Cuál es límite entre lo original y lo ridículo?
- La diferencia está en la orientación que tengas.Hay que tomar un concepto y desarrollarlo. Es ridículo usar algo descolgado en un momento descolgado y puesto de manera no desarrollada, que no tenga que ver con el conjunto.
- ¿Cómo son las argentinas para vestirse?
- Son muy clásicas, les gusta estar sexies y se cuidan muchísimo. Nunca hay que pedirles que se aclaren el vello de los brazos, se peinen, se hagan las manos o se depilen las cejas, porque ya lo hicieron. Siempre están impecables. Son muy coquetas y muy tradicionales y recién ahora se están poniendo más divertidas y me hacen caso cuando les digo que con un vestido azul se pongan zapatos de color fucsia o colorados, por ejemplo.
- ¿Pudiste hacer tu carrera porque tu familia tenía dinero, o cualquier chico sin plata puede soñar con llegar adonde llegaste vos?
-Cuando yo nací, mis padres no tenían un mango. Después, mi papá empezó a ganar bastante plata, y me ayudó mucho. Con la herencia de mi padre compré mi casa y abrí una boutique en la calle más cara de Buenos Aires.Y me estrellé contra una pared, porque al principio no vendía nada. Una cosa no te garantiza la otra: hay diseñadores que llegaron con plata y otros sin plata. El tema es llegar, no bajonearse en el camino, no deprimirse ante el primer obstáculo y lucharla, porque luchando llegan todos. Yo estoy dando clases con Marcelo Senra, que hace unas cosas hermosas con tejidos del norte. El empezó con un bolso y yo con una boutique en la calle Arroyo: cada uno con historias distintas y los dos llegamos. Es lo que siempre les digo a mis alumnos de la Cámara Argentina de la Moda. Esto no pasa por la plata sino porque labures, te dediques y no renuncies ante el primer fracaso. Fracasos tenemos todos, pero hay que insistir en hacer lo de uno.
- ¿A qué famosas estás vistiendo en este momento?
- Estoy haciendo unos cuantos vestidos para la entrega del Martín Fierro: el de Georgina Barbarrosa, Inés Estévez, Selva Alemán, Andrea Frigerio...
-¿ Se los cobrás, son canjes?
- Depende...Algunas pagan y a otras se los regalo. Si pagan o no, no me importa tanto como que me elijan porque les gusta mi ropa.
-¿Te sirve que en una revista salga una foto con un epígrafe que diga:“Selva Alemán luciendo un modelo exclusivo de Benito Fernández”?
- Mucho menos de lo que la gente piensa.A las clientas les importa más saber cómo vestí de madrina a una amiga que cómo vestí a una famosa.
- ¿Cómo hacés para vestir a toda la familia de la novia sin que compitan las madrinas entre sí ?
- Mi estilo siempre es el mismo, pero como yo exploro mucho la personalidad de cada una, siempre salen modelos muy distintos. Y además las convenzo de que todos los colores son lindos.
-¿No se ponen celosas de lo que le hiciste a una y a la otra no?
- No, yo tengo muy buena onda. Conmigo se relajan, sí o sí... ¡ o las relajo a las trompadas! ( Risas)...Yo no me engancho en eso, entonces ellas tampoco, queda todo muy tranqui y lo disfrutamos mucho más. Soy muy accesible. Cuando se dan cuenta de que las atiendo personalmente y que tampoco soy más caro que la modista de enfrente de la casa de ellas, se quedan más tranquilas. Muchas le perdieron el miedo a la alta costura. ¡Por suerte!...Si no, sería un aburrimiento.
- ¿Otros creadores te copian modelos tuyos?
- Sí. Casualmente, una clienta me acaba de contar que en otra casa de alta costura le ofrecieron un modelo idéntico al que le hice a Claudia Schiffer cuando vino en octubre. ¡Hasta la tela era la misma!
- ¿Y qué hacés cuando eso sucede?
- Ni pregunto quién me copió... ¿Qué le voy a hacer? Ya está. No me interesa meterme en ese chusmerío. Prefiero poner todas mis energías en seguir creando.