jueves, 2 de octubre de 2008

Famosos por ser como son : Oscar Wilde y el narcisismo llevado a la tragedia

por Dr Frank Pittman
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(...)El norteamericano tipo pasa siete horas diarias frente al televisor e interactúa siete minutos con sus seres queridos. Conozco gente que tiene muy poca o ninguna interacción con personas de carne y hueso, ya sea alguien de su familia o algún vecino, y que reservan todas sus emociones para los personajes de las telenovelas. Para ellos, la televisión no sólo es más real que el mundo que está afuera de la pantalla sino que también les asegura vida y amor a los que aparecen en ella.
The Truman Show es, entre otras cosas, una incursión en el narcisismo, reflejado no sólo en la necesidad patriarcal que tiene Ed Harris de crear una vida a la que puede controlar aunque no puede participar de ella sino también en la convicción de todo hombre joven de que todos los que habitan su mundo son tan solo actores de reparto y que él, además de ser la estrella, es la única persona verdadera de su vida. Uno de los primeros psicoanalistas dijo: "Ningún hombre madura hasta que se da cuenta de que nunca tuvo una madre; sólo hubo una mujer que desempeñó ese rol por momentos".
Para acaparar toda la atención que necesitaba, a Wilde -sin duda el autor de mayor ingenio de la lengua inglesa-- no le bastó con escribir la mejor pieza teatral (La importancia de llamarse Ernesto), la mejor novela (El retrato de Dorian Gray), el mejor libreto de ópera (Salomé), el mejor cuento de hadas (El príncipe feliz) y el mejor poema (Balada de la cárcel de Reading) de su época. También tenía que ser el mejor dandi de su tiempo, parecido a Tom Wolfe, Truman Capote o Dennis Rodman. Y, al igual que Wolfe, Capote y Rodman, se hizo famoso por ser como fue. Wilde usaba brillosos trajes color púrpura y llevaba una enorme flor en el ojal. Abogaba por un movimiento estético denominado "el arte por el arte mismo", que se limitaba a centrar la atención en el artista sin preocuparse demasiado por el significado o la moraleja de la obra.
Por eso, a los 27 años, Wilde se ganó el derecho a que Gilbert y Sullivan lo satirizaran en una ópera titulada Patience.Ese esteta absurdo y narcisista que Gilbert y Sullivan satirizaron no parecería tener las cualidades de un gran héroe de tragedia, a pesar de que se ha convertido en un mártir de la liberalización homosexual. Anteriormente ya se habían hecho películas sobre su vida con Peter Finch y Robert Morley en el papel de Wilde. Actualmente, en Broadway, se pueden ver dos obras sobre el escritor, una de las cuales tiene como protagonista al monumental Liam Neeson. Todas las sagas de Wilde buscan averiguar cuál fue el móvil del escritor, saber por qué un hombre a quien la vida no había privado de nada habría de tirar todo por la borda en un gesto de semejante arrogancia.
Oscar Fingal O’Flahertie Wills Wilde era irlandés, hijo de un cirujano famoso y mujeriego y de una extravagante poetisa que alentaba las andanzas de su hijo, las cuales tenían por objeto llamar la atención. Se casó con una joven tranquila y correcta con quien tuvo dos hijos varones. A los 30 años aproximadamente, comenzó a tener una serie de encuentros amorosos y sexuales con hombres jóvenes, algunos de ellos "chicos de la calle". Fue entonces cuando -con la misma puntería que Julieta Capuleto y que Woody Allen- conoció a la persona más peligrosa de quien podría haberse enamorado: Bosie, un joven malcriado, extravagante y desatinadamente histérico que era hijo del homofóbico con mayor tendencia homicida de toda Gran Bretaña. Bosie era Lord Alfred Douglas, cuyo padre era el marqués de Queensberry, el rústico inventor del reglamento del boxeo.
Durante un par de años, Wilde, que en ese entonces rondaba los 40 y era una de las personas más famosas de Gran Bretaña, llevó adelante abiertamente su relación con Bosie, con lo cual provocó el antagonismo del retrógrado padre de aquél. Finalmente, cuando Queensberry lo acusó de "sodomita", Oscar tomó la insensata decisión de demandarlo por difamación, como se lo había exi gido Bosie. Queensberry llevó a la corte a un grupo de jovencitos que dieron testimonio de las andanzas sexuales de Wilde, así que la Corona desechó de inmediato la acusación hecha contra Queensberry por difamación, procesó a Wilde y lo acusó de sodomía y de indecencia alevosa. Bosie se fugó.
Todos intentaron convencer a Wilde de que se fuera del país, pero él, obstinado, se negó. Como de costumbre, se deleitó con la fama extra y la atención acaparada con el incidente. Mientras el mundo observaba con horror, Oscar se subió al estrado a hablar sobre la pureza del amor griego entre hombres jóvenes y maduros. Recitó el poema de Bosie sobre el "amor que no se atreve a decir su nombre". Y después mintió con respecto a sus relaciones sexuales. Se estaba comportando con su habitual actitud excéntrica y arrogante y, poco a poco, agotó la paciencia de todos. El primer tribunal no llegó a una decisión unánime, pero el segundo lo condenó a dos años de trabajo forzado.
Oscar quedó destrozado y, al poco tiempo, también en bancarrota. Su madre y su esposa fallecieron durante su estadía en la cárcel. (Como dijo en la Balada de la cárcel de Reading: "Pero todos los hombres matan lo que aman, oíd, oídlo todos: algunos, lo hacen con una mirada amarga; otros, con una palabra lisonjera. ¡El cobarde lo hace con un beso, el valiente con una espada!".) Jamás volvió a ver a sus hijos. Pero pasado el mal trago, regresó a Bosie, al menos por un tiempo. El joven enseguida se cansó de Oscar y lo echó a patadas. Oscar --que había escrito que "Una pasión inmoderada por el placer es el secreto para ser siempre joven"-- murió en 1900 a los 46 años de edad. Bosie se volvió heterosexual, se casó y murió a una edad avanzada.
Todas las versiones de la vida de Wilde constituyen, como es de esperar, ataques tanto a la homofobia como a la hipocresía de su época y de la nuestra. Las versiones difieren en cómo se las rebuscan para que semejante narcisista auto destructivo y extravagante parezca la víctima de la historia. La última versión cinematográfica, cuyo guión contiene citas progresistas del siempre digno de citar Oscar Wilde y del juicio verdadero, relata la historia sin tapujos. La dirección es de Brian Gilbert; la producción, fantástica y costosa, y el elenco, formidable.
Dicha versión convierte a Queensberry en un perro rabioso de homofobia que ya ha llevado a uno de sus hijos a suicidarse debido a su sexualidad. Tom Wilkinson -el jefe de Todo o Nada- se come gran parte de la película en su papel de Marqués. La madre de Wilde, cuyo papel desempeña estupendamente Vanessa Redgrave, posiblemente haya merecido tener un hijo tan decididamente auto destructivo ("¿Por qué es famoso mi célebre hijo? Pues claro, es famoso por ser como es."). Pero la esposa de Wilde, la flemática e imperturbable Jennifer Ehle de Orgullo y Prejuicio, no se merecía un marido así. Los esfuerzos que realiza por culparse a sí misma mientras su familia se desmorona inspiran una inmensa compasión.
Bosie, el fruto prohibido del jardín silvestre, se encarna con extravagancia en la piel del bello y sin duda peligroso Jude Law. Wilde, como el Titanic con el iceberg, estaba indudablemente condenado desde el primer encuentro. La película es del actor y escritor Stephen Fry, cuyo parecido con el enorme y desgarbado poeta es lo suficientemente asombroso como para haber avalado esta versión de la historia. Fry no sólo es adecuado sino que también es brillante, y pone de relieve tanto el ingenio insolente y congraciador como la osada provocación del lugar que Wilde eligió ocupar en el esquema de cosas. Fry también realza el costado paternal y protector de la personalidad de Wilde así como la relación paterna que tenía con sus dos hijos y con Bosie, que era mucho más infantil que aquellos dos. Fry demuestra afecto además de ingenio, y es muy buen amigo de todos excepto de su desconcertada esposa. Al parecer, no puede perdonarle que ella espere de él las actitudes de un marido convencional.
A fines de la época victoriana, en Inglaterra, aún no se había descubierto la homosexualidad como identidad. Claro que había actitudes "homosexuales", pero no existía el concepto de la persona "homosexual". Era habitual que los niños y los jóvenes tuvieran relaciones sexuales entre sí y a esto se lo consideraba normal, pero se esperaba que al ir creciendo abandonaran la costumbre. El sexo entre adultos del mismo sexo era ilegal. Se admitía que aquéllos cuyo apetito sexual se volvía excesivo pudieran llegar a satisfacerlo con chicos, pero a nadie se le ocurría pensar que a un adulto le gustara tener sexo con otro adulto. (La reina Victoria se negaba a concebir el sexo entre mujeres.) Oscar Wilde, al ejemplificar la homosexualidad durante los juicios llevados a cabo en su contra, sin duda inventó la homosexualidad como Mae West inventó la heterosexualidad y James Dean, la adolescencia.
Wilde había pasado su carrera despotricando contra la hipocresía, pero la conducta que manifestó en su relación con Bosie y en los dos juicios no estuvo al servicio de la verdad y la honestidad. No cabe duda de que hizo todo lo que hizo para llamar la atención, pero la tenía sin necesidad de arruinar su vida y la de los que lo rodeaban. Como dijo alguna vez en un poema: "Cada vez que un hombre hace algo absolutamente absurdo, tiene siempre los más nobles motivos". Al parecer se vio impulsado por cierto amor a la tragedia. Como escribió en Dorian Gray: "Detrás de todas las cosas exquisitas que existieron hubo algo trágico". Consideraba a la tragedia como "la exageración del individuo" y el propósito de la vida. Mientras que los hombres con una disposición de ánimo más heroica que estética tenderían a perseguir una causa o un acto nobles por los que morir, Oscar persiguió algo bello y venenoso en quien desperdiciar su vida.
La tragedia de Wilde suele atribuírsele a su homosexualidad antes que a un bocón al que le tocó vivir en una época de "esto no se dice, de esto no se habla". Fue un mártir de la homosexualidad sólo en el sentido en que Woody Allen es un mártir de la heterosexualidad. Como alguna vez dijera Wilde: "En este mundo sólo existen dos tragedias: una consiste en no conseguir lo que uno quiere; la otra, en conseguirlo". Él consiguió lo que quería. "Todos los hombres han vivido su propia vida y han pagado un precio por ello. Lo único lamentable es tener que pagar tantas veces por un solo error." Lamentablemente, Wilde nunca llegó a ver el precio que pagaron su madre, su esposa, sus hijos y sus amigos del clandestino mundillo gay por las indignantes andanzas que él emprendió intentando llamar la atención.
Pero, como Oscar bien sabía, él era el "derrochador de su propio genio" y la vida de vicisitudes que llevó fue la más extravagante de sus creaciones. La tragedia de Oscar Wilde -como la de Truman y la de algunos de mis pacientes- fue pensar que era la única persona verdadera sobre el escenario y, por ende, que el único que importaba era él. Los que sólo tienen en cuenta sus propios sentimientos deben de llevar una vida terriblemente solitaria.

(Frank Pittman es Doctor en Medicina y colaborador de The Family Therapy Networker, y ejerce la profesión en forma privada. Su cuarto libro, GROW UP! How Taking Responsibility Can Make You a Happy Adult (¡CREZCA DE UNA VEZ! Cómo Asumir Responsabilidades Puede Convertirlo en un Adulto Feliz), fue publicado en Estados Unidos en el mes de junio de 1998 por Golden Books, Nueva York. Dirección: 960 Johnson Ferry Road, N.E., Suite 543, Atlanta, GA 30342.
(*) Este artículo fue traducido del Family Therapy Networker y publicado en el
nº 54 (Diciembre- Febrero 1998/99) de Perspectivas Sistémicas.) Tomado de http://www.redsistemica.com.ar/famosos.htm

2 comentarios:

Josue Marti Soza Urbina Soza Urbina dijo...

muchos famosos hoy en nuestros tiempos utilizan bajo actitudes dramatizantes querer inmolarse con sus escandalos,los hay incluso muchos en la farandula,musica ,cine etc etc parece que el ser el personajillo del momento a coste de sus escandalizantes actitudes pareciesen convertirlos en una renaciente forma de arte a lo que ellos pareciesen dostrarnos ,pero yo digo no hay mas pecado y triste poner en riesgo y a situaciones vergonzosas y humillantes a sus seres mas amados eso es ser egoista es ser deliberadamente un ser sin sentimientos y sin respeto a coste de que de un poco de fama o de mas popularidad destruyendo al entorno que uno mas ama no le veo que muchos incluso respetados hombres del arte den merito con respeto a sus obras cuando por sus actitudes dejan en mero claro no tener juicio ni respeto por los suyos

Josue Marti Soza Urbina Soza Urbina dijo...

muchos famosos hoy en nuestros tiempos utilizan bajo actitudes dramatizantes querer inmolarse con sus escandalos,los hay incluso muchos en la farandula,musica ,cine etc etc parece que el ser el personajillo del momento a coste de sus escandalizantes actitudes pareciesen convertirlos en una renaciente forma de arte a lo que ellos pareciesen dostrarnos ,pero yo digo no hay mas pecado y triste poner en riesgo y a situaciones vergonzosas y humillantes a sus seres mas amados eso es ser egoista es ser deliberadamente un ser sin sentimientos y sin respeto a coste de que de un poco de fama o de mas popularidad destruyendo al entorno que uno mas ama no le veo que muchos incluso respetados hombres del arte den merito con respeto a sus obras cuando por sus actitudes dejan en mero claro no tener juicio ni respeto por los suyos